sábado, 25 de septiembre de 2010

Enfadarse... ¿Algo sencillo?

Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo. (Aristóteles)

La gran mayoría de las veces los enfados los pagan las personas que menos se lo merecen. Que por casualidad están ahí cuando tú explotas o cuando te entra la típica paranoia y no quieres hablar con nadie.
No quieres que nadie te diga nada, te haga de reir, no quieres ni si quiera que te miren y mucho menos que te pregunten que te pasa, porque hay veces que eso no se pude explicar, que es algo que sientes y te hace estar mal, sin ninguna explicación, sin ningún porqué... 
Sin ningún motivo por el que estar así, sin nignún culpable con quien enfadarse... 


Solo te apetece pensar y que nadie interrumpa tus pensamientos, pensar y seguir pensando en cosas que tal vez no deberías recordar ya que solo sirven para que ese enfado o esas ganas de estar sola, pensando, insoportable e incluso borde, aumenten y al final se acabe pagando con las personas que simplemente intentan sacarte una sonrisa.

Sí, tal vez ese sea uno de mis grandes defectos, pero creo que muy poca gente tiene la capacidad para enfadarse con la persona adecuada, en el momento adecuando y en el grado adecuado...
Todos en algún momento hemos pagado las cosas con quien no debíamos, hemos dado una mala contestación a alguna persona que simplemente intentaba hacerte sonreir, alegrarte el día, preocuparse por ti.

Al fin y al cabo... nadie es perfecto.

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