Y entonces se dio cuenta: las personas no cambian nunca y aquellos sentimientos que son verdaderos tampoco. Por mucho que luches y que te esfuerces por olvidar algo nunca llegarás a conseguirlo de verdad.
Es como olvidarse de montar en bicicleta, pueden pasar años sin que te subas a una bicicleta, pero un día vuelves a encontrarte con ella y te subes sin ningún miedo, porque nunca te has olvidado de pedalear con ella, de seguir adelante, de sentirte libre y feliz, porque a pesar de todas las caídas siempre te has levantado y has luchado por seguir adelante. Y por mucho tiempo que estés sin montar en bicicleta... esas cosas nunca se olvidan.
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