domingo, 11 de marzo de 2012

El lugar perfecto, con la persona perfecta.

Solía ir muchos domingos de verano a pasar el día allí, llevaba mi mochila con un caldero y una paleta, me pasaba la mañana haciendo castillos de arena o excavando pozos.Acababa llena de arena, metiéndome al agua para quitarla y después envolviéndome en la toalla muerta de frío.No sé porque, pero me gustaba estar allí.
Este último verano solo pise ese lugar una vez. Desde entonces las veces que iba ni si quiera iba a pasar el día, ni si quiera iba cuando hacía sol, y cuando más disfrutaba era cuando simplemente iba a pasear por la enorme playa.
La última vez que fui, fue diferente. Ya no me parecía un lugar tan grande, ni si quiera me importaba el frío, ni el agua y mucho menos la arena. Tampoco importaba la luz, la luna iluminaba todo lo que tenía que iluminar y el sonido de las olas me recordaba que estaba en uno de los lugares mas especiales que conozco. ¿Pero que importa todo eso? Lo más importante no era la luna, ni el mar, ni mucho menos la arena. Lo importante es la persona que tenía enfrente, la misma que hizo que la luna, el mar y la arena fuesen especiales.

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