Tus brazos siempre encuentran su lugar en el espacio que se les ofrece entre mi cintura y mi espalda. Tu cabeza en mi cuello y la mía sobre tu hombre, como si hubiésemos sido diseñados para encajar perfectamente en esa posición. Y poco a poco voy sintiendo tu respiración en mi nuca, y sin poder evitarlo, se me pone la piel de gallina. ¿Cómo explicarte que tengo que hacer uso de hasta la última gota de mi autocontrol cada vez que te me acercas? Y tu olor, tu olor me va envolviendo y me va enloqueciendo, ensombrece todos mis sentidos y mi razón se multiplica por cero, porque cuando estoy así contigo, se me hace imposible pensar en otra cosa que no seas tú, en otra cosa que no sea lo feliz que me haces.
Quisiera poder decirte tantas cosas en este momento, decírtelas pero sin palabras, mejor dicho, hacértelas entender, hacértelas sentir. Pero cuando abro los ojos y me separo de ti, vuelvo a la realidad… Aunque ese sentimiento y esa sensación de felicidad no desaparecen, porque sé que volveré a tú lado, se que volverás a abrazarme, se que volverás a besarme. Con cada caricia, con cada susurro y con cada mirada, hasta la última fibra de mi ser desea solo una cosa: tenerte conmigo (siempre).
CMS
No hay comentarios:
Publicar un comentario